Contra el mapa

February 20, 2018

 

 

 

"La perspectiva del renacimiento, con su punto de fuga al infinito, era tan moral como racional" - escribe Wayne Andersen en su libro sobre Las señoritas de Avignon de Picasso-, "ya que permite visualizar sistemáticamente el mundo de la percepción sin emociones, un poco del mismo modo en el que las matemáticas, la física y la astronomía reemplazaron a la astrología". Es el mismo camino que se va verificando en los mapas que poco a poco pierden los trazos simbólicos, para adaptarse a lo que se presenta como "representación" de la realidad. Y sigue diciendo Andersen: "La perspectiva distancia las cosas y organiza las apariencias de un modo sistemático. La perspectiva controls la percepción, como la moral controla los instintos, en corcondancia con un entorno físico creado en buena parte por las estructuras sociales. Tener perspectiva de algo es retirarse, apartarse de ello emocionalmente". Esta distancia al principio fundamental que rige la idiosincrasia de los mapas y por eso fascina sin tregua la figura del cartógrafo, como el escribano, un personaje de otro tiempo que debe hacer el esfuerzo supremo de síntesis a partir de las notas de otros, de las noticias de otros. Debe construir un gran mapa a partir de las partes de mapas de los que, como quien manda tarjetas postales atiborradas de información sin jerarquía alguna, van describiendo una posibilidad del mundo" p. 48. (...)

 

"Es posible que el cambio que la mirada contemporánea implica, las transformaciones que conlleva la percepción del mundo globalizado y transcultural, en pugnas con las imposiciones de la hegemonía, comprometa la posición tradicional del espectador también, posición de poder epitomizada por los mapas. 

Dos historias de Borges presienten estos cambios. La primera funciona como metáfora de la que fue esa mirada hegemónica, aquella que observaba el mundo desde un punto fijo y desde ese punto dibujaba el mundo, y la segunda se acerca a lo que la mirada es ahora, tras las revisiones del canon, artístico también. La primera es el cuento de "Museo" (1960), que habla de un mapa desmesurado e inútil, Del rigor en ciencia, en el cual se recuerda un Imperio donde "el arte de la Geografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda la ciudad". La segunda, pertenece a la obra "Atlas", de 1984, en la que Borges, ya ciego, va recorriendo el mundo- el Atlas- sin poder verlo o viéndolo con ojos diferentes a los de la visión retiniana. Si el mundo del primero habla del deseo loco por controlarlo, por mantener la posición de poder que Occidente tiene ante el mundo- y de su fracaso-, en Atlas Borges reflexiona sobre lo enriquecedor de la vulnerabilidad en la fragmentación, del mapa que obliga a aprender a ver de otra manera: romperse. "Mi cuerpo físico puede estar en Lucerna, en Colorado o en e Cairo, pero al despertarme cada mañana, al retomar el hábito de ser Borges, emerjo invariablemente de un sueño que ocurre en Buenos Aires" La pregunta sería, sin ambargo, si el Buenos Aires en el que uno se despierta en Lucerna, Colorado o Islandia, sigue siendo el mismo Buenos Aires." p 95.

 

 

 

 

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