Vivir en picnic - Prácticas de coexistencia en Valencia Acoge


Me gustaría compartir algunas reflexiones a partir de mi experiencia durante los encuentros que tuvimos en Valencia Acoge a lo largo del 2020. Un año se caracterizó, siempre que fue posible, por la búsqueda del aire libre, los entornos naturales y la práctica del “picnic”. Este arte de vivir que consiste en extender una tela y abrir el corazón.

En un bello artículo sobre el picnic en Irán, Faryar Javaherian cuenta que hay tres culturas en las que la gente extiende un paño para comer en el suelo: los persas, los indios y los árabes. En Persia esta manifestación cultural se remonta a hace más de 3000 años y su nacimiento estaría relacionado con dos factores: por un lado, la reverencia que el Irán preislámico otorgaba a la naturaleza y, por otra, la influencia del zoroastrismo que es una de las religiones más ecológicas del mundo (1).

Javaherian explica que esta práctica que los franceses muchos años después llamaron picnic (pique-nique), a menudo tenía de fondo uno de los famosos jardines persas. En la imaginación iraní, que es profundamente simbólica, el jardín no es solo un espacio físico sino también una puerta de entrada a la experiencia de comunión con otros seres y la naturaleza. De este modo, durante la práctica del picnic no solo se estaría compartiendo comida y bebida sino también una mayor conciencia de las correspondencias que sostienen lo vivo. Tal vez por este motivo Faryar Jahahaverian considera que el arte del picnic es, en realidad, un arte de vivir.

Durante la comensalía del picnic, participamos del placer de la indisolubilidad del cuerpo y el espíritu, de la experiencia de trascenderse una misma en contacto con el mundo. Según Jahaverian, con un trozo de tela es posible interrumpir simbólicamente el tiempo acelerado de la ciudad, sus restricciones, sus imposiciones, sus divisiones sociales: “Esta tela es el símbolo de la cercanía a la Naturaleza ya que podemos sentir la tierra debajo, y también la convivencia, la generosidad, el compartir y abrirse a los demás, con la consiguiente elaboración de una nueva ética” (2).

En Valencia Acoge está cultura del picnic está muy presente en cada encuentro. Prácticas de coexistencia que son al mismo tiempo experiencias de acogida. No del “otro” sino especialmente de lo nuevo que nacerá entre nosotras y que transformará a ambas. Luisa, una compañera, en una ocasión dijo que una podía dejar de trabajar en Valencia Acoge pero que Valencia Acoge no se podía dejar. Estas palabras eran muy importantes porque, de algún modo, estaba indicando que esta experiencia esencial de acogida del estado naciente es una acción que se puede realizar en cualquier lugar y de muchas maneras posibles. Es un acto que no entiende de marcas corporativas ni de teorías ni de dogmas sino que, muy al contrario, las trasciende. Esta forma de hacer no está basada en una metodología determinada sino que es la práctica misma del arte de vivir. Su efecto inmediato es que al hacerlo se disipa la soledad, la opresión, los juegos de poder.

Esta experiencia de vivir inmerso en la experiencia del mundo es una acción que no consiste tanto en ir hacia lo desconocido como en dejar ir lo conocido. Un desconfinamiento mental que se hace cuerpo en una suerte de paciencia de la acción (3). Para Jordi Carmona Hurtado esta expresión hace referencia a lo político emancipatorio. Esto sería, a mi modo de ver, una vivencia de desbordamiento de lo conocido que facilitaría la apertura a otra experiencia de lo sensible. Durante esta vivencia es posible captar los modos imperceptibles de la acción, es decir, aquellos que sostienen la vida de otro modo, lejos de las representaciones que tenemos de la acción. Podríamos decir, que allí donde no hay nada para ver en términos de representación de lo conocido es posible sentir el latido de lo vivo.


En Valencia Acoge hay un secreto a voces: para levantar un picnic es necesario evadir ciertos mandatos, dejar de cumplir las expectativas, volar cada día un poco. Esto no está exento de conflictos, pues hay una fuerte tensión entre, por un lado, las demandas del tiempo cronológico, con sus formas instrumentales de hacer, y ese tiempo otro que necesitamos los seres humanos para vivir.


Carolyn, en el aniversario de los 30 años de Valencia Acoge, dijo algo esencial y muy sencillo: gracias, gracias a todos y todas por haber venido. Lo decía porque sabía que sin la posibilidad de tiempo de intercambio no estaría pasando nada interesante en términos vitales y, al contrario, estaríamos mucho más encerrados en nosotros mismos. Y es que, las correspondencias con otros seres y con el mundo son el fundamento de lo político, una posibilidad para la experiencia de sentirse viviendo. Las personas tenemos muchas formas de hacer para poner esta experiencia de vida en el centro. Uno esencial podría ser este arte metafórico del picnic que consiste en extender una alfombra o un paño en suelo y abrir un espacio para imaginar de nuevo. Existen muchos otros.


Suena el teléfono, se abre la puerta. Llegamos fuera de la hora convenida pero a tiempo del encuentro. Extendemos una alfombra. Se abre un jardín. Hay una escucha atenta. La vida se despliega en cada gesto. Lágrimas, puños apretados, un golpe sobre la mesa, ojos cerrados, una forma de acariciar la chaqueta, sonido de risas, pie deslizándose por el suelo. Hay un afecto, un desplazamiento. Por la apertura del corazón crecerá algo nuevo. Le daremos cuerpo.


Cada día extendemos un pañuelo en el suelo. Nadie lo ha visto.




1 Javaherian, Faryar. Iranian Picnic Culture and its influence on public space design and social culture. Landscape Architecture Frontiers, volumen 4, Issue 6, Decembre 2016.

2 “This cloth is the symbol of closeness to Nature since we can feel the earth underneath, and also of conviviality, generosity, sharing and opening up to others, with the ensuing elaboration of a new ethics”, p. 13.

3 “La paciencia de la acción” de Jordi Carmona es una escritura desde la experiencia de la acción que se propone revisar el propio concepto de la acción. Carmona Hurtado, Jordi. La paciencia de la acción. (Madrid: Akal, 2018).

Texto escrito por Elena Álvarez-Ossorio Bas. Psicóloga en Valencia Acoge. Doctoranda en humanidades en la UPF con una tesis sobre la potencia creativa y curativa de la imaginación.








Las fotografías corresponden a distintas actividades realizadas en Valencia Acoge durante 2020:


1- Encuentro de mujeres de Valencia Acoge en el marco del programa IRPF

2- Actividades de "Voladoras" en Viveros, en el marco del programa de refugio y protección internacional.

3-Encuentro del equipo B, intercambio de saberes.

4 y 5- Durante la actividadad de "Voladoras" en el jardín botánico de Valencia, en el marco del programa de refugio y protección internacional.

6- Durante la actividadad de "Voladoras" en el jardín del Túria, en el marco del programa de refugio y protección internacional.

8, 9. 10 - Acción durante el 25 en la plaza de Orriols. Durante semanas las mujeres de Valencia Acoge realizaron mandalas para cubrir la plaza con un gran manto de colores.

11-Actividadad de "Voladoras" en Viveros, en el marco del programa de refugio y protección internacional.

12-Actividadad de "Voladoras" en el Jardín del Túria, en el marco del programa de refugio y protección internacional.

13- Actividad en Valencia Acoge en el marco del programa Ressonàcies al Rialto ( justo una semana antes del confinamiento).

14- Actividad de "Voladoras" en Viveros, en el marco del programa de refugio y protección internacional.






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